La Voz de Pinares

Opinión


A POR EL 2011


E strenamos este mes de enero del nuevo año cargado de dígitos asaetados para arremeter con ellos como lanza en ristre, igual que hiciera don Quijote, contra toda una cohorte de malos augurios aventados por gigantescas aspas de molino que siembran el temor y el desasosiego -sobre todo y en primer lugar- en nuestro suelo hispano. Afligidos y consternados vislumbramos la pendiente por donde se deslizan las cuentas maltrechas de miles de ciudadanos bajo la atenta mirada de unos cuantos especuladores de turno que suman sus ganancias en el río revuelto. Porque ahora los mejores deseos se convierten en los peores designios echamos en falta a nuestro lado a Sancho Panza que envolvía de realidad las entelequias de su amo y señor Don Quijote. Esta incertidumbre ha generado el hábito de la desconfianza de aquel que opina diferente al que le concedemos escasa capacidad en su inteligencia por no compartir un razonamiento tan poderoso que no admite réplica. Y entramos en la descalificación fácil, en la grosería verbal, en el insulto, en el descrédito, por ser actitudes aprendidas de los políticos, comentaristas, tertulianos y demás lenguaraces que lanzan sus proclamas en los diferentes medios de comunicación con escasa o nula responsabilidad social.

Es demasiado largo el trecho que marcan las cotas de un año para formular deseos aplazados. Iniciamos, en principio, una fiesta de homenaje al sol que va mordiendo las sombras del pinar oscuro y brumoso y por donde, es seguro, los días se van a dilatar en mágicos remansos de luz y optimismo. Luego, para cada jornada, las personas emocionalmente inteligentes saben que no pueden elegir las cosas que ocurren pero pueden decidir cómo afrontar las dificultades fuera del espeso caldo negativo en el que uno se ve obligado a transitar. Por la noche, para salvarse, hay que demostrar que no se está muerto por dentro, que la vida fluye a nuestro alrededor; que en la esfera celeste brillan las estrellas; que volverá la savia a los troncos de los árboles y los animales saldrán de sus madrigueras; que las flores no son para los féretros sino elementos naturales del campo y que el corazón no se olvida de latir. En el exterior abandonaremos esa sopa química triste y sombría cocinada en nuestro cerebro por aquellos sujetos que sólo hallan inspiración en las catástrofes, que pronostican males sin cuento para que, si el mal se cumple, su refocile alcance el éxtasis; que hacen de los gritos y malos modos su razón de ser y demostrar que son unos energúmenos; que nunca salen de las sombras y que les encanta amargarnos el día...

Desde la prehistoria la humanidad está dividida en dos mitades: aquellos homo sapiens que compartían la saciedad y el hambre y los que enterraban la caza aunque se pudriera para que el vecino de la cueva no probara bocado. Luego la historia ha escrito análoga dicotomía: los que viven y los que no dejan vivir. En este juego anda distraída nuestra clase política -desde los altos cargos hasta el último concejal del último pueblo- que anteponen sus intereses personales o partidistas al bienestar de la ciudadanía.

Entiendo que ya no son válidas las estrategias que han movido el mundo de la economía; que será necesario coser otro traje a la medida con nuevos tejidos y no echar remiendos ni pegar emplastes en roturas y descosidos malintencionados. Es nuestro deseo que en esta nueva reconstrucción económica los núcleos rurales ocupen su lugar, siempre olvidado, para remontar la crisis: Ayuntamientos, Diputaciones, Comunidad Autónoma Castilla León y Santa Rosa Aguilar...

¡Que así sea!

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